Rincones
Todos tenemos un espacio fuera del tiempo, un espacio disociado de relojes y otros instrumentos de medición —al medir el tiempo lo encapsulamos, lo restringimos, lo condicionamos—. Se trata de un espacio esmerilado con paciencia insobornable que vamos tejiendo hilo a hilo a medida que atravesamos este universo tan particular que el destino nos asignó. Y en ese lugar único impregnado desde el principio de nuestras emociones vamos dándole forma a nuestro aguantadero personal. Sin transgredir sus límites esquivos e indeterminados vamos almacenando en forma desordenada los símbolos, conceptos y metáforas de los que nos apropiamos. Se trata de un lugar consagrado a mantenernos protegidos del caos que gobierna nuestro exterior, un conjunto de herramientas que sirven de pasadizo entre los otros y nosotros; que traducen lo que somos a los demás. Son espacios que interpelan a nuestros sueños exigiéndoles que se conviertan en realidad. Son cavernas iluminadas por nuestra ingenua mirada de principiante que acumulan ideas, imágenes, palabras, notas musicales. Que almacenan de la misma manera que una vasija traslada el agua para acompañarnos y saciar nuestra sed interminable de curiosidad y angustias.

Esos son los rincones que egoístamente escamoteamos a los demás —a los extraños y a los amigos, a los amados y a los odiados, a los contemplativos comprensivos y a los discriminatorios, a los generosos y a los avaros—. Esos rincones, en los que entre los intersticios entre las rocas se deposita nuestro ser y adquiere presencia y grita sin importar si lo escuchan o no: «este soy yo».
A esos rincones celosos pretendo acceder, descubrirlos, dejarlos que corran el velo que los ocultan y que se hagan visibles, palpables, que entren en contacto con los míos y dialoguen. Esos rincones abundosos de sueños y fantasías, esos rincones poblados de nuestras obras y que nos exponen más de lo deseado. Esos rincones secretos que se disimulan entre señales tramposas.
Porque esos rincones de las personas que amo son también míos.
Elizabeth Pérez – Ola
”Ella pensó que no iba a aguantar la ola… pero recordó a que ella es el mar”
Carlos Gath, el mayor de una dinastía inolvidable.
Por Osvaldo Garraffo. Los cuatro hermanos Gath fueron jugadores de hockey sobre césped surgidos en el Club Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en
El mayor de una dinastía inolvidable
Carlos Gath, El mayor de una dinastía inolvidable. Por Osvaldo Garraffo Los cuatro hermanos Gath fueron jugadores de hockey sobre césped surgidos en el Club
Estar en tu olvido
Al principio no podía dejar de verte sin que se me cayeran los edificios encima. Tu ausencia era una bomba de vacío que me reducía
Hockey en el recuerdo
En los años sesenta el hockey sobre césped era muy diferente al que se juega hoy. No había cursos ni clinicas. Los instructores enseñaban a