Al principio no podía dejar de verte
sin que se me cayeran los edificios encima.
Tu ausencia era una bomba de vacío
que me reducía y me devastaba.
Todos los sitios tenían el perfume de tu abandono.
Y por algún tiempo busqué en otras miradas
la que más se pareciera a tu mirada.
Viví un tiempo pasando en limpio el poema de amor inconcluso
que casi siempre llevaba en los bolsillos del pensamiento.
Fui un consumidor voraz de tu persona.
Y tu persona aguantó hasta que un día te cansaste.
Hasta entonces vivía pendiente de tus movimientos
y era feliz.
Salí como pude de entre los escombros.
Y más de una vez lloré en el auto al recordarte.
Intente engañar a mi corazón pero éste nunca se dejó confundir.
Siempre fue más ecuánime que mi cabeza . . .
Que aún en su dudosa lucidez tuvo la última palabra:
Nunca se pierde el amor de un gran amor perdido.
Y así fue que ensayamos nuevos caminos . . .
Y me transferiste para siempre
a la zona mas profunda de tu memoria,
que es el olvido.
Allí habito desde hace miles de lunas hasta que me extingas.
Pero no me duele. Es otra forma de estar en vos.
La de estar en tu olvido.
La Lucila , Julio de 1995.