La Jugada Maestra del Conocimiento
Inculcar el amor por la lectura es como jugar una partida de ajedrez donde cada libro es un movimiento estratégico hacia el desarrollo personal. Al
CarnéDel fr. carnet.
Cuaderno pequeño de bolsillo para apuntar cosas.
Proviene del francés carnet y éste, del francés antiguo quernet ‘cuadernillo’, así llamado porque la forma básica del cuaderno* –del latín quaternio, -onis ‘cuádruple’– es una hoja de papel dividida en cuatro.
Son anotaciones que me ayudaron a formalizar e investigar (profundizar) los temas que desarrollé en mis escritos. Otros son curiosidades que me sorprendieron. Sigo la tradición de Albert Camus en sus celebrados apuntes.
Inculcar el amor por la lectura es como jugar una partida de ajedrez donde cada libro es un movimiento estratégico hacia el desarrollo personal. Al
Todos somos nuestro propio libro: tenemos la habilidad de reescribirnos, de subrayar nuestra identidad e incluso de arrancar aquellas páginas que no sirven, que duelen
La capacidad de asombrarse se tiene desde muy niño. Todos los que hemos estado con algún bebé o niño pequeño vemos el estado natural de
PorMar de fondo -agosto 25, 2023 ¡Buenos días, lector! Seguramente has disfrutado de algunos de los fantásticos cuentos del estadounidense Howard Phillips Lovecraft, de hecho,
– El nombre de la rosa por Umberto Eco. El abad ciego: «¿Qué es lo que realmente quieres? « Guglielmo de Baskerville: «Quiero el libro
“Tal era la importancia de los libros para Borges, que en «Mis libros» (La Rosa Profunda, 1975) dice:
Kurt Vonnegut «Ahora mucha gente considera que la página impresa no es más que tecnología obsoleta desarrollada por los chinos hace dos mil años. Los
«Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el
Nicolás Gómez Dávila fue un escritor y filósofo nacido en Bogotá, Colombia, en 1913. Caracterizado por ser uno de los críticos más radicales de la
“El poder de las palabras”, de Mariano Sigman (pág. 77), 2022 Michel de Montaigne se adelantó al humanismo con esta misma premisa: la buena conversación