Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla. Dentro de mí discurren multitud de ideas que se confrontan entre ellas, y éstas entre mis sentimientos.

Es importante que sepas quién está detrás del sitio y es el responsable de los escritos que lo integran: Mi nombre es Carlos Gath. Nací en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un lejano 14 de septiembre de 1950. En 1982 me mudé a Córdoba y la convertí en mi lugar de adopción, en mi hogar.

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 Soy escritor en esta etapa de mi vida.

 En otra anterior fui jugador y entrenador de hockey sobre césped.

 En otra etapa estudié Licenciatura en Sistemas y trabajé en informática entre 1973 y 2018. Tuve la oportunidad de experimentar y acompañar la evolución tecnológica desde las tarjetas perforadas hasta la actualidad.

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Desde que tengo memoria leo y siempre fue mi pasatiempo preferido. Mis primeras narraciones, sin saber lo que eran, las escribí en el último año de la primaria. Después lo hice esporádicamente y destruí las pruebas sin contemplación, guardé muy pocas cosas.

Hasta que en 2013 me anoté en el taller literario “La Pluma” coordinado por Marta Guzmán, una excelente escritora y poetisa de la ciudad de Córdoba.

Después de largo tiempo me decidí a escribir y dar a conocer mis escritos. A perder el miedo a lo que Oscar Wilde en “ EL RETRATO DE DORIAN GRAY” expresó tan perfecto:

    

—Entonces, ¿por qué no expones su retrato? —preguntó Lord Henry. —Porque, sin querer, he puesto en él como una expresión de toda esta extraña idolatría artística, de la que, naturalmente, nunca le he dicho nada a él. Él nada sabrá nunca de ella. Pero los demás podrían adivinarla; y yo no quiero desnudar mi alma ante ojos superficiales y fisgones. Mi corazón no será colocado bajo su microscopio. Hay demasiado de mí mismo en este retrato, Harry… ¡demasiado! —Los poetas no son tan escrupulosos como tú. Saben lo útil que es la pasión a sus libros. Hoy, un corazón destrozado alcanza una porción de ediciones. —Por eso los aborrezco— exclamó Hallward. —El artista debe crear cosas bellas; pero sin poner en ellas nada de su propia vida. Vivimos en una época en que los hombres tratan el arte como si no fuera otra cosa que una forma de autobiografía. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza. Algún día yo enseñaré al mundo lo que es. Por esto, el mundo no verá nunca mi retrato de Dorian Gray.—