En los años sesenta el hockey sobre césped era muy diferente al que se juega hoy. No había cursos ni clinicas. Los instructores enseñaban a los chicos los gestos básicos y los entrenadores (DT) adaptaban muchas tácticas y esquemas del fútbol.
Las técnicas de quite y recuperación quedaban en un segundo plano, pues debido a las imperfectas superficies de los campos de juego, se hacía hincapié en las diferentes formas de recepción de la bocha. El cómo recuperarla era un ejercicio librado en gran parte a la intuición de cada jugador.
Muni por esos años fue el tercer club de la AAAH.
Tenía buenos jugadores y se destacaban sus defensores por el arrojo y la contundencia en los modos poco ortodoxos para recuperar la bocha.
La lista es amplia pero en el podio están Carlos Rego, Juan Sabbione y Carlos «Pinky» Sauza. Es imposible ponernos de acuerdo quién fue merecedor de la medalla dorada. A todos ellos podríamos dibujarlos con una caricatura de
«Rambo» con un cuchillo entre los dientes y un fusil en lugar del palo.
Ellos marcaron tendencia y tuvieron seguidores: . . .
Jorge Sabbione antes del 68, Fernando Giorgiadis, Ricardo Alderete, Claudio Dorado, el «colorado» Anuitti, Marmorek, Cacho Kuriazis . . .
El último de estos «gladiadores romanos» y más conocido por ustedes ha sido Mario Pistoni.
Quien antes de recibirse de odontólogo ya atendía sin cargo en Republiquetas y Libertador.
Tenía todos los requisitos para estar en esta nómina pero además le agregaba su cara de «chico bueno» y su gesto de inocencia, de . . . «fui a la bocha» . . . Nadie como el jugó al hockey en la cornisa del reglamento. Fue una suerte no haberlo tenido enfrente.
Finalmente es imposible no agregar a esta lista de exponentes del hockey extremo a Ricardo «Bebe» Cacianini, de quién se cuentan historias casi legendarias de sus «métodos» poco ortodoxos en especial cuando le tocaba un «mano a mano» ante un delantero.
«Hockey en el recuerdo». 23.XI.23