Una vez soñé que volaba hacia el sol buscando la luz que me llamaba, cuando desperté, caía con las alas quemadas
Una vez soñé que pastaba con un unicornio de color cielo, sin horizontes cuando desperté, el unicornio se perdía en la bruma
Una vez soñé que sobre los hombros de un dragón batía ejércitos negros cuando desperté, en mis manos quedaban las cenizas de la batalla
Una vez soné que atrapaba entre mis manos una nube al amanecer cuando desperté entre mis manos quedaba la llave de una jaula que nunca encontré
Una vez soñé que era tormenta, rayos y truenos en la inmensidad del espacio cuando desperté me quedaba la brisa sin fuerzas golpeando la cara
Una vez soñé que era ermitaño abandonado en la montaña que brindaba sermones a los desposeídos cuando desperté rodaba por una avenida con la gente atropellándome
Una vez soñé que la soledad era un sueño, que podía compartir mi historia de desencuentros cuando desperté alrededor mío quedaban los jirones de conversaciones inconclusas
Una vez soñé que los límites del amor se extendían al infinito, sin formas, sin colores esperando que lo completáramos cuando desperté las fronteras me habían cercado sin formas ni colores
Una vez soñé que la vida es un largo pasillo sin carteles de bienvenida, por tramos lóbrego, por tramos radiantes, con puertas sin picaporte ni mirillas, que hay que golpearlos para saber si se abren, que hay que sumergirse en ellos para saber que nos deparan, que hay que vivir los que nos proponen, que hay que reconocer cuando se cierra la puerta que hay que saber cuando cerrarla.
Una vez despierto creí comprender que los sueños se pierden al despertar que son recuerdos que se pierden en un álbum sin orden que son nostalgias por el futuro inconcluso que son las quimeras que engañan nuestro sentido.
Una vez despierto prometí tener memoria saber que los sueños golpean sin lógica atacan sorpresivamente, sin avisos previos prometí estar alerta, en vigilia
Una vez despierto entendí que a los sueños hay que perseguirlos para hacerlos realidad, hay que dejarlos náufragos en el tiempo para que nos puedan acompañar hay que permitirles a las formas que busquen y a los colores que busquen.
Por fin entendí que los límites que lo aprisionan terminan haciéndolos realidad que esa realidad es un pálido contrasentido de los sueños que somos humanos y los sueños son el arma para combatir nuestra cotidianeidad.
Cada sueño es un pétalo atesorado de esa rosa que me obliga a ser distinto
Cada sueño que nace en las fronteras de la fantasía termina con una pared al despertarse
Solamente el recuerdo lo mantiene fuera de nuestra realidad
Todo fue un sueño un sueño que perdimos, como perdimos los pájaros y el mar…………
Cuesta despertar de un sueño, pero es inevitable…