Fracciamor

Su mano distraída escribió el resultado que su mente le indicó. ¿Adivinaba o calculaba? Las fracciones lo maltrataban. Cansado levantó la vista del cuaderno y miró por la ventana hacia el edificio de enfrente. Y la vio. Ella estaba asomada y le sonreía. También con un lápiz en la mano. La saludó moviendo los dedos. Ella lo imitó. Se hablaron por señas. Ella puso su nombre en un papel y se lo mostró. Y él hizo lo mismo. La tarde se vistió de alegría, los colores brillaron. Desde entonces, las fracciones tienen su nombre. Y nunca más lo hicieron sufrir.