Ensayo personal

Esperó haciéndose el dormido que la última luz se apagara y que ningún ruido delatara movimiento en la casa. Contó hasta 32. Se levantó despacio ,en total oscuridad; siguiendo un caminito invisible, se dirigió a la ventana que se abría a la calle y que, a propósito, había dejado abierta. Espió la calle. Atrás de ella, La Cañada. La respiración se hacía más rápida. Por fin, la música festiva inundó el cauce sediento de agua. Los colores estallaron. La murga de los espectros ensayaba como todas las noches. Solo para él.