Hoy las nubes le dan al acechante e inminente amanecer un toque de melancolía. El amanecer se extiende y avanza sin pausa, se acerca, va cubriendo todo. Y me llega y me invade, se apodera de mi ser, de mi individualidad.
Busco mi sombra, compañera de siempre, y ella sorprendida me devuelve el interrogante. Trato de adivinar en los edificios que me rodean alguna sonrisa esperanzada. Hurgo en el río que ya es arroyo desempolvando murmullos que pueda transformar en música. Nada, sólo nada.
Deberé aguardar la salida del sol. Deberé esperar los mimos del amanecer hechos palabras. Deberé esperar que el día comience. Me siento en el borde de la Cañada y me abandono al fluir de la vida.