30/10/2012 Amanecer trabajoso.

30/10/2012 Amanecer trabajoso.

La marea actuando sobre mares frescos de aire incoloros es empujada por el sol que pugna por elevarse al cielo. Tenazmente el viento solar impulsa a velocidades de desgano a nubes densas de gris azulado. Exhiben bajorrelieves cincelados por dioses nocturnos  que amenazan con lluvia sembrando de temor la superficie. Son figuras intimidantes talladas en marcos gaseosos que van cambiando sus contornos y sus pliegues superficiales oscilando entre llanura ondulante y valle erosionado por vientos traviesos.

Se adivina el esfuerzo titánico que realiza el amanecer en el color pálido de las primeras nubes despedidas desde el horizonte y con ruta trazada al cenit. Ya lejos de tormentas que descarguen su furia incontrolable, son pedazos desgajados y deshilachados de retazos descartados. Los rayos lentamente van desgastando su trama tejida por señoras pulcras criadoras y sembradoras de lluvias y aguaceros.

Las nubes son empujadas en un movimiento horizontal que va rolando obediente hacia su destino prefijado y que no conocemos. Las gotas de agua en suspensión se superponen unas a otras y se deslizan rodando en círculos imperfectos de rutinas olvidadas. Rescatan juegos ingenuos en los que tratan de llegar al borde del abismo para soltar su vértigo infantil. Buscan saborear la emoción de asomarse al acantilado que finaliza abruptamente en una superficie irregular de edificios sinuosos.

Los rayos aviesos juguetean con la extensión urbana que se despliega sin fin aparente. Todo es tonalidad gris salpicado por manchas coloreadas de intensidad opaca. De improviso chorros intempestivos de un color arrancado a su paleta se deslizan por paredes verticales de edificaciones alzadas sin patrón geométrico. Otra vez  un aire frío logra exponer y distinguir distintos matices de grises. Son vaivenes de columpios de ejes perdidos, que ora son colores desvaídos y ora son colores vigorosos.

Y el cardumen desierto de peces pero con abundante agua en sus entrañas sigue su senda trazada respetando recorridos lineales, sin curvas ni obstáculos, sin detenerse. Elegante y engalanado con líneas oblicuas amarillas y crema por el vuelo persistente de pájaros saludando una mañana diferente. Trazan arabescos soñados por mentes desordenadas que quedan como surcos intensos de nubarrones inconclusos.

El espectáculo está en marcha. La vida acecha para regalarnos una sorpresa,