Quietud. Una quietud que emerge atravesando el suelo, brota del averno, brota del tártaro, brota del infierno. Lo acompaña el reflejo de las llamas que lo consumen sin agotarlo y se escuchan desde la lejanía los gemidos de las rocas crujientes. Ruidos que se confunden con los producidos los condenados a vagar por la eternidad entre fuegos desparramados por territorios abismales. El color que predomina es un el anaranjado morado —al cual estoy tentado de bautizar como color “amaneciendo”— que se va convirtiendo en celeste orillando al amarillo pálido. Con nubes apenas esbozadas suspendidas de nudos invisibles: Permanecen estáticas, indolentes al suelo que se pasea despreocupado, sin formas, sin consistencia. Son apenas espectros inofensivos, incapaces de toda violencia, de asustar a mortales.
Estas iImágenes de color «amaneciendo» pronto se esfumaran en el tiempo y pronto serán nada. Todo será cielo, sin competencia. Solamente una llanura invertida, vacía, qué será bañada por el sol con su sinfonía de sonidos visuales. Hoy todo será pradera circular en sus bordes. Hoy el calor arrancará lento hasta darnos abrigo excesivo cerca del mediodía. Mediodía al cual nos acercaremos en puntitas de pie —tratando de pasar desapercibidos— para luego alejarnos hacia el anochecer al trote lento.
En estos días arribo a la oficina con la oscuridad en retirada. El amanecer estará vestido de colectivo adormilado no de paisaje cambiante desde la playa de cemento de la oficina. Las reflexiones cotidianas se van a refugiar en el movimiento repetitivo de rutas predefinidas por calles de circulación creciente. ¿Qué describiré bajo esta influencia? Con el calor acechando para abrazar la rutina del estío desplazará a la del invierno, de noches largas y claridades cortas. Las palabras dejarán el abrigo para pintarse con protector solar. Surgirán desde las profundidades buscando una brisa amable, refrescante.
Conductas de invierno. Conductas de verano. Conductas de transición entre ambas.
El uniforme celeste con el que se había revestido el cielo va dando lugar a un redondel, a un globo inflado pero no tirante en su superficie de color amaneciendo suave, que se va intensificando a medida que los segundos se escurren. Ahora es casi naranja y su expansión llegará al rojo solar, propio de mañanas nacientes. Ya se observan pájaros recorriendo autopistas sin demarcar por aires templados. Más signos de la transición a nuestra temporada cálida.
El viernes me voy de vacaciones al norte por una semana. Estas descripciones también se tomarán descanso. Tal vez describa las del sosiego vacacional, tal vez no. El calor se apura por prevalecer.