25/10/2012 Laberintos profanos

25/10/2012 Laberintos profanos

Ya están las nubes grises dominando el cielo. Pastando cómo aconsejan las costumbres para los días calmos. Van recorriendo pasito a pasito cada espacio vacío que encuentran en su andar cadencioso. Vistas desde abajo o sea parados en la superficie de la tierra, se van oscureciendo, en cambio vistas desde arriba serán crema repartidas entre frutillas apetitosas de colores rojizos que las protegen de los rayos inclementes del sol. Los haces de luz rectilíneos son una senda de piedras desparramadas  en el aire virginal de la mañana. Un sendero diseñado respetando planos mitológicos de laberintos profanos sin paredes visibles para los curiosos. Se puede observar el conjunto global pero no está permitido distinguir el recorrido salvador que lleva a la salida camuflada.

Laberinto erigido a la memoria de las personas resolutivas de enigmas y misterios ancestrales. Sin planos específicos de construcción, basados en los recovecos de la memoria compartida por los diseñadores de trampas y celadas y recuperados por los guardianes de secretos herméticos. Los laberintos imitan la complejidad de los recuerdos archivados pero sin acceder a los orígenes de los miedos. Sin colores que señalen o prioricen una encrucijada en detrimento de otra. Sin carteles revelando los secretos del constructor.

Hay piedras ubicadas con un plan determinado y secreto que todos ignoran. Piedras a ser pisadas por seres que deben regresar a su casa, que deben llegar a rendir sus deberes, que deben pelear por sus derechos cada vez más lejanos, que deben encontrar sus sueños extraviados en mares de segundos. Piedras a ser pisadas por seres  que buscan el pórtico de salida a sus enredos del amanecer.

Pero antes, el sol vistió a los senderos con paredes multicolores. A algunas les regaló altura en otras repartió anchura. A unas pocas les sopló brisas sin inaugurar para dibujar patrones de significado revelado solo a los elegidos. A los más les estrechó los pasadizos para que los incautos que sufren de claustrofobia se atemoricen en su viaje de búsqueda.

De su paleta de multicolores el sol eligió colores vivos, intensos. En la parte superior amarillos libres de pecas inoportunas. Siguiendo el suave declive de algodón, fue dejando retazos horizontales de un fucsia casi bermellón, rosas firmes  salpicaban los grises que se mantenían estoicos resistiendo. Jugaba el sol. Frente a él,en medio de la nada, mantenía un juego de lentes que convertía la luz blanca en rayos dispersos y traviesos de colores mutantes. Todo era una sinfonía visual.

Los transeúntes acostumbrados a las sorpresas matinales observan la réplica metafórica del devenir humano, del desafío de descifrar el destino inexorable. Los transeúntes lanzados a la calle por casualidad no se percatan del momento, no disfrutan del acto emancipador del espíritu. De ese instante singular e irrepetible de atisbar la condición mágica abandonando la condición humana.

Es lugar y tiempo para iniciados, de sectarios admitidos en los sueños diurnos. De pasajeros ocasionales en senderos cuadriculados que se cruzan reconociéndose por el ritmo de sus pasos extraviados, o por la mirada que reflejan las inconmensurables preguntas sin respuesta que los acosa, o por los pensamientos que brotan sin pausa y con la fuerza de la lava descendiendo por laderas interminables. Pero fundamentalmente por el silencio intenso que los rodea y los aísla del bullicio creciente.

Y ya superado el vértigo provocado por un sol orgulloso de su misión, un café insobornablemente compinche, acompaña y orienta las impresiones recibidas. De ese caos sensorial, difuso, van decantando lentamente las emociones que se convertirán en recuerdos perennes. De esa mezcla sin forma de ruidos y sonidos los espectadores van componiendo la sinfonía que resonará en sus oídos durante el resto del día.