24/10/2012 Atolón

24/10/2012 AtolónBajar del colectivo midiendo los escalones y pisar la superficie fantasmagórica de un atolón sin bautizar.  Ser engullido por las sombras chinescas que proyectan los edificios pétreos sobre los manglares que desayunan absorbiendo la luz. Lentamente me voy sumergiendo en el agua cálida y salada de la laguna interior, buscando el brazo que la comunique con el mar aquietado de aguas transparentes.Sigo una corriente más fría que atraviesa la vegetación adaptada a la emisión de gases urbanos y erosionados en sus ramas inferiores por el tránsito vehicular que impide el desarrollo de las copas más bajas bajas. Esa corriente ha ido erosionando un área alargada sin principio ni fin, ha ido cavando una cañada de paredes grises sin adornos ni colores. En su interior no hay peces de colores disfrutando de un suave masaje torrentoso, solo descansan en su fondo los restos olvidados de naufragios inexistentes y migajas de picnic sin comienzo. Los peces coloridos prefieren deslizarse por las vías definidas al costado de la ría. Juegan entre sí tratando de descubrir al más veloz, al menos ruidoso. Pronto serán reemplazados por otros peces con los mismos colores y dimensiones pero que competirán por ser los más ruidosos y los más apurados.La corriente Cañada está encajonada entre quebradas de corales. Paredes grises y marrones se elevan formando una biomasa heterogénea. Con sus habitantes en la profundidades arremolinados en espacios pequeños en los cuales descansaron durante la noche. En las horas de silencio apropiadas para reponer energías.En la bóveda que corona la ciudad, las nubes de espuma blanca juegan traviesas. Arrastradas por un oleaje apacible se mueven al ritmo de melodías irreconocibles, ejecutan coreografías de danzas repetitivas en círculos abiertos, acercándose a vórtices profundos y enigmáticos y alejándose a playas serenas de arena azul.El coral va despertando. Los peces gruñones que le dieron vida durante la noche, huraños, ascetas se van retirando a su refugio. A protegerse de multitudes ansiosas e intratables que pronto se abalanzarán por los valles urbanos de grises descoloridos.Y nunca el atolón desemboca en el mar, esa fue una promesa incumplida, una esperanza que deberá ser reemplazada por otra, una búsqueda que deberá reiniciarse diariamente hasta encontrar el ingreso al desfiladero correcto.Peces de colores vivos que recorren calles sumergidas en coches recién despiertos, peces de colores opacos que transitan aceras anfibias buscando su destino, peces de colores indefinidos que se desperezan en habitaciones de paredes carcelarias en camino hacia el día.El atolón. Isla urbana con forma de anillo circular de bordes desparejos —forma parte de un arrecife de coral de habitantes humanos con mascotas adiestradas—  tiene su laguna interior en un parque céntrico, es un manglar dispuesto para recreación y distracción creado por la necesidad de sobrevivir a la naturaleza hostil.