24/08/2012 Sol que enceguece.

¿Qué criaturas escondidas tras el grueso tul de rayos luminosos que abarca la visión lejana me envía furioso el sol? ¿Cuántas brujitas en estos momentos críticos están huyendo a guarecerse en sus escondites desconocidos? ¿Cuántos faunos desorientados están escondiendo los restos incriminatorios de sus correrías nocturnas? ¿Cuántos duendes díscolos se están refugiando en sus madrigueras soterradas? ¿Cuántos pájaros comienzan a pintar a dentelladas de amarillo al celeste trepado a cuestas de una pared negra de nubes estáticas?

La alarma se extiende al amanecer.

Lo imprevisible da lugar a lo cotidiano. Lo necesariamente oculto se esconde bajo la alfombra de la conciencia hasta otra oportunidad. La fachada da lugar a lo escamoteado en noches de interrupciones morales y costumbristas,

Apolo ya está instalado. Brillante, enceguecedor, sádicamente brillante. Obliga a descender a las persianas y achicar el espacio mínimo y vital.

El aire se renueva por unos minutos. El silencio le gana al barullo por unos instantes. La creación se recrea dentro de cada uno de los observadores lúcidos privilegiados.

El sol ha desalojado bruscamente y sin contemplaciones a la oscuridad. Todo es luz. Lo demás yace oculto.