Buen día… ¿Cómo están?. Hoy, saliendo de la rutina matinal, hay taladros sonoros muy tempraneros castigando los oídos. Olas de tsunami arrasando con el silencio, hasta llevarlo a la casi extinción. Y van creciendo en intensidad. Y ya es la única realidad. Desalojó todo otro paisaje posible. La construcción del edificio vecino se apodera del protagonismo.
Mientras el bullicio hegemoniza cualquier actividad, el cielo permanece impávido, ajeno a la contaminación sonoro oficinesca desubicada. Nubes sin ruidos en sus bordes. De colores bermellones girando al rosa pálido que visten a un cielo temeroso de ráfagas audaces de vientos briosos que caracterizan al mes de agosto. Hay cardúmenes de peces estáticos, de colores cambiantes a medida que el sol se apresta a recorrer su vía crucis diario.
Cadenas de luces blancas de autos que se acercan. Cadenas de lucecitas rojas de autos que se alejan. Aguas indiferentes que ruedan por la Cañada predestinadas a ser absorbidas por el Suquía.
Nubes que se reacomodan al ritmo cansino de un girar terráqueo invadido por la eternidad. La claridad que se va adueñando del paisaje como una sábana tenue que se desliza desde lo alto a la superficie, que se va completando de movimiento pausado.
Nubes que se agrupan en una duna gigante de pies grises y cabeza rosada, turquesa que se descubre aguardando los barriletes que la adornen.
Silencio desde hace un rato. Respetuoso de un amanecer único.
Amarillo casi, casi color sin nombre. Cruzado por pájaros que se animan al vuelo incierto del amanecer. Buscando rastros de luz en la oscuridad en retirada. Sábana nubosa que se transforma en blanco con manchas grises, señales de noche sin ruido, sin brujas, sin aquelarres. Noche de genios ciudadanos ambulantes recogiendo sueños de los tachos de basura. Noche de elfos reflexivos discurriendo en esquinas sin encrucijadas de calles. Noche de ideas viejas y remanidas transformadas en revolucionarias por instantes. Contingentes en el tiempo y el espacio, con fecha de vencimiento cercana.
Nubes grises que espantan al blanco. Gris de hollín esparcido. Gris de claroscuros, gris de despertar somnoliento. Y edificios que vuelven a ser edificios. Con balcones ocultos y ventanas escondidas detrás de la oscuridad de la noche.
Y luces blancas y lucecitas rojas estáticas de todo movimiento por la invasión de autos.
Y el sol que viene gritando su razón de ser anunciándose tras construcciones de profanas torres de babel desafiantes de la altura.
Ya todo está listo. Que comience el día.