21/09/2012 Primavera

21/09/2012 Primavera

La ciudad tiene alma. Durante el proceso diario de recibir la luz que despoja de su cetro transitorio a la oscuridad sus emociones brotan desde la superficie como una bruma tenue. Bruma alimentada por historias oscuras que durante la noche transcurren al amparo de la discreción y de la negación. Historias que recorren calles de cuadrículas mal trazadas. Son cuadrados desdibujados por aceras irregulares.

Y los sonidos que producen los autos se amortiguan en las paredes sin tapizar de los edificios. Apenas se escucha el roce impúdico de los neumáticos contra el pavimento frío de la madrugada que llega como un ruido de fondo uniforme. No hay bocinas, no hay gritos, no hay frenadas. La brisa lleva cabalgando despreocupadamente a la música sin músicos.

Es el día posterior a un feriado largo. Despojado de prisas, remoloneando para comenzar el día, ignorando relojes de arena y clepsidras alimentadas por un líquido de embrujos desconocidos en lugar de agua.

Y las nubes que aguardan la salida del sol en un callejón oscuro y alargado. Un callejón alargado que se asemeja a un túnel de ferrocarril expreso lunar. Un callejón fuerte y rígido a los costados pero debilitándose al acercarse al centro.  Predominan  colores tenues de rosa que recorren los recovecos de las paredes. Y grupos de nubes que reemplazan el sendero central que la luz del sol va horadando en los grises perlados. Y la esfera amarilla que reaparece más al sur. Y sobresalen otros edificios contra el paisaje cotidiano destacando paredes que hasta hace minutos permanecían desapercibidas. Se descubren ventanas que antes se mimetizaban entre paredes lisas de colores apagados.

Y el túnel se transforma en autopista de luz, pronta a ser recorrida por pájaros y aves buscando espacio para su vuelo acrobático y errático. Recorre senderos invisibles serpenteando entre obstáculos artificiales y buscando árboles frondosos para entonar su canto cotidiano madrugador. 

Y las nubes que constituían las paredes se retiran más y más hacia los costados. Y ya el sol está colgando de su soporte inexistente.

Pero la ciudad se resiste a despertar.