Finde largo. Fueron horas de ocio sin apuros que se consumieron sin culpa y no dejaron rastros visibles. Presencio la llegada del pre amanecer cada vez más apresurado, más madrugador. El horizonte es una franja sin línea demarcadora. El cielo busca su identidad cotidiana calzándose como un impermeable los colores que reflejen su ánimo. Comienza en los bordes inferiores, acariciando con desgano el suelo, con un rosa pálido, apagado. De a poco se convierte en casi naranja y finaliza en pocos minutos en un marrón suave revuelto de barro arenisco. Imitando a Cronos termina deglutido por el celeste que avanza desde lo alto de la bóveda hasta la sombra de los edificios que reemplazan el horizonte lineal.
En las calles las luces blancas de autos inquietos dibujan un dragón chino reiterando una ancestral celebración ritual. De forma imprevista una luz azul —perteneciente a un coche policial—, parpadeante, zigzagueante hiere a la fila uniforme como una aguja cosiendo una botamanga del pantalón rebelde, o de una pollera audaz.
Mientras tanto, las nubes más pequeñas, las menos protegidas, las más vulnerables, se vuelven rosas brillantes.
La actividad nocturna ciudadana somnolienta se irá transformando en frenética a medida que se acerque el mediodía. Por ahora es solamente presurosa. Sin ruidos ni bochinches estrepitosos que alteren los nervios. Las ventanas van dibujando sombras a partir de la luz que se escapa de sus persianas. Los puentes sobre la Cañada dibujan esquemas de luces parpadeantes a través de su perpendicularidad orillera.
Ya los edificios van dejando de ser sombras para transformarse en blancos matizados de marrones, grises y negros. Se adivinan hocicos de animales pétreos cerrados por cortinas de protección y seguridad, preparando los refugios habituales.
Hoy se adivina una salida del sol mucho más a la derecha de mi mangrullo, mucho más al sur.
Me falta una obertura metálica y una ginebra cubierta de hielo.
Mi fiel compañera matutina la tengo sentada sobre mi escritorio, los pies bamboleando, la mirada persiguiendo sueños extraviados en la memoria.