20/09/2012 Ritual en Formación.

20/09/2012 Ritual en Formación.

Repetir el camino caminando por las mismas cuadras y las mismas casas, encontrarse con las mismas sombras y las mismas veredas rotas; al cruzarse con otro caminantes errantes reconocer en la penumbra que se va aclarando las caras que portan los mismos gestos; descubrir las luminarias que día a día se mantienen tozudamente prendidas; saber de antemano la cantidad de pasos que daremos antes de llegar a la esquina; cerrar los ojos sentado en el colectivo y saber por qué calle va tosiendo de aceite mal quemado y  en qué curva acaba de bambolearse. 

Y esa repetición lleva al ritual pagano de iniciación diaria.

Solo la aparición inesperada de un perro o la maniobra brusca de un auto distraído aporta el signo de un amanecer diferente a los otros.

¿Es realmente así?

Hoy al bajar del colectivo, con los ojos buscando el oeste, el cielo cercano al horizonte es lila mudando al celeste y finalizando en ese color indefinido por falta de luz que tampoco es oscuridad. Y atrás mío, a mis espaldas, se ve gestando la irrupción del amarillo y se hace presente al asomarme al ventanal que recubre mi mangrullo madrugador. Es mi protector incoloro, es la mejor defensa  de un observador curioso que desea pasar desapercibido.

Y el amarillo que se va intensificando como si un dios olvidado, prendedor de amaneceres profanos fuera administrando el volumen coloridico. Y el sol que juega a las escondidas sabiendo que solamente los incrédulos que lo siguen como a su cuenta de twitter pueden descubrir su parte lúdica. El tirano inflexible aparece sobre mi derecha, al costado vacío de un edificio indiferente a sus rayos. Se esconde detrás de la construcción con forma de caja de zapatos. Mientras va tomando su forma esférica dejan que las sombras se agiganten al lado del paralelepípedo que distrae a mi mirada. Sus rayos rodean mansamente los departamentos contenidos entre sus muros  y de un salto (re)aparece sobre mi izquierda, pero en una ascensión elíptica que corona la azotea.

Ya está. Dejó de jugar y acaba de asumir su trono en su reino cotidiano. Está en su esplendor y ahora aguarda que sus vasallos —Nosotros— le rindan pleitesía, le otorguen honores que él sabe no merece y lo ignoren y lo ninguneen por enormes aciertos que sí merece,

Hoy las pocas nubes que se animaron a levantarse están estáticas a la espera de un viento salvador. Un viento que las haga mecer entre valles aéreos sin paredes. Los rayos que les dedica el sol vibrando de monotonía les permite ir variando la intensidad de sus pálidos colores.

La ciudad está agazapada, esperando las trompetas que la despierten, que la saquen de esta modorra diaria que hoy se resiste a descubrir las sábanas, dejando al descubierto los sueños extraviados.

Indudablemente se trata del ritual cotidiano con las variaciones aceptadas por el clima vigente.