19/09/2012 Celeste total

19/09/2012 Celeste Total.

Y el color amarillo arrasó. Al principio acechando en silencio detrás de edificios inermes que le oponían una resistencia parcial y fugaz, esperando agazapado en las profundidades, y en forma lenta  progresiva expandiendo su influencia al sur. Fue ampliando su recorrido matinal, maximizando el recorrido diario que alcanzará su valor más alto el 21 de diciembre. Terrible castigo diario que debe soportar el sol —semejante al de Sísifo—, repetir eternamente su rutina sin alternar con premios ni castigos. Y se pone en evidencia desde dónde hablamos, esa atalaya protegida por ventanales curiosos. 

Fuimos en el comienzo geocentristas surgidos del mito y la naturaleza. Ubicados en nuestro espacio local, orgullosos pretendimos ser—desde la descripción ingenua—  el centro del universo. Después surgió el heliocentrismo, producto  de la razón y la observación y el castigo recaerá en la tierra. Ella se convirtió en un trompo incansable y tironeado por fuerzas incomprensibles, se convirtió en una prisionera eterna de una órbita en forma de elipse diagramada y explicada con fórmulas matemáticas. 

Mientras tanto —visto desde la perspectiva de cualquier calle de la ciudad—, el sol ocupa la mitad del cielo. Ya barrió con la oscuridad en varios saltos continuos, la desalojó sin miramientos. Ya dibujó en el mapa urbano cada uno de todos los edificios de la ciudad. Ya apagó soplando con su aliento de luz cada una de todas las luces prendidas.  Ya pintó de celeste claro el techo abovedado que nos protege del olvido.

La ciudad despierta. Recuperando el ritmo después de la tormenta. Los autos que ayer se demoraban y se guarecían de los insultos corporizados en una lluvia torrencial, hoy exhiben sus colores de gala haciendo ostentación de su alegría. Hoy el caminar de los transeúntes es guiado por miradas cargadas de esperanza, ayer estaban guiadas por miradas cortas de melancolía y desasosiego. Ayer el río se enfrascaba en una carrera alocada contra él mismo rebotando contra los bordes, hoy se desliza mansamente acariciando las orillas de tierra barrida por el agua.

Hoy no hay adornos en el cielo. No hay pájaros, no hay barriletes, no hay nubes. Hoy es todo celeste. Celeste acerado bruñido con paciencia de orfebre medieval.