17/08/2012 Luuuuuuuueve.

Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve…

Las palabras se repiten una y otra vez,  como las gotas han repiqueteado sobre los ventanales durante toda la noche. Hace mucho que la palabra lluvia no era utilizada por mí, excepto para usarla en conjuros tanto celestiales como demoníacos en danzas frenéticas de movimientos estáticos, para provocar a las nubes  y poder caminar mojándome el alma por calles ansiosas de humedad.

Y hoy recorrí senderos de agua con estelas de luces de autos reflejadas en sus olas ausentes. Hoy navegué sin barcazas por ríos deshilachados de cordones cuneta escamoteados por el agua irreverente. Hoy mis genes saludaron la buena nueva. Hoy es un día viernes totalmente diferente.

Y diferente es el cielo pre-amanecido. Nubes chicas, pequeñas que ante cualquier amenaza de vientos que las despedacen recorren presurosas el firmamento  tratando de alcanzar a sus hermanas mayores que ya cumplieron el rito pluvial. Rezagadas, todavía acumulando gotas de agua. Consultando brújulas y rosas de los vientos para no perder el rumbo.

Desorientadas por su velocidad sin límites ni fronteras. Animales míticos de patas redondas que vuelan empujados por velas tejidas a mano. Cielo de grises que aguardan los colores que le regalará el sol. Tranquilidad sin pasión en comarcas azotadas por manojos de aire arrojados desde la morada de dioses juguetones que juegan con dados.

Todo gris, todo humedad por abajo, todo humedad por arriba.

Hoy te festejamos lluvia.