Preamanecer. Cada día ocurre más temprano. En unos días deberé acostumbrarme a otro escenario. El ciclo natural ordena el caos y regula el comportamiento de la vida, en pocos días saldré a recorrer senderos urbanos asfálticos huérfanos de tierra mojada y flores multirraciales, con el sol ya recorriendo el horizonte semiesférico como una bolita de acero recién salida del horno. Subiré al colectivo ya amanecido y descubriré fachadas que hoy se ocultan tras las sombras imaginadas por la noche agonizante,
Pero hoy, ante un viernes repleto de promesas de caos y desorden cotidiano —Los viernes los habitantes de esta ciudad pierden la paciencia y dejan la calma en sus casas—, hay colores en el cielo que anticipan cambios en la rutina. Curioso, no hay luces en los edificios que denoten movimiento,algo de vida. No hay pájaros inquietos o acosados por el hambre alborotando el aire. No hay ruidos callejeros que asciendan desde la superficie a este mangrullo modernizado. Todo es quietud, todo es calma, ¿La que preanuncia la tormenta en ciernes? Espero que no.
Es imposible describir el cielo. Tal vez debiera sacar una foto acompañando y complementando las palabras traidoras de la descripción. Frente a mí un edificio superpuesto con otro. Solo se distinguen los contornos negros que reflejan su extensión. Contornos resaltados por un foco de claridad ubicado al oriente. Fuerte, preciso, arrogante que va decidido a desalojar todo lo que interrumpa su camino . Y hacia los costados su intensidad va disminuyendo lentamente hasta convertirse en otros colores. En el medio es rosa, en los extremos es celeste muy oscuro. Jirones de nubes —Bohemias como es su costumbre— irrumpen la apacible melodía con fanfarrias de trompetas y clarinetes desafinados.
Pero todo en quietud. Con paciencia budista la claridad se impone. Al ritmo de la respiración meditativa de una atmósfera diáfana el rosa va desapareciendo y el celeste inunda como una marea respetuosa. Los cambios rutinarios parecen aletargados en el silencio conspirativo de una ciudad que hoy, se resiste a despertar.