09/10/2012 Gris de llovizna

09/10/2012 Gris de llovizna

Gris, grisáceo, plomizo, sombrío. Palabras que describen el estado de ánimos, realidades, paisajes, ciudades y tantas cosas más en los que predomina el gris. Podemos precisar más la descripción agregándole nuestras experiencias en días de lluvia. Por ejemplo: húmedo, pegajoso, monótono, reflexivo, insoportable. Depende de cada uno de nosotros.

Podemos trasladar el mismo criterio a las personas: vulgar, corriente, mediocre, aburrido, apagado, monótono, indiferente, anodino.

Logramos describir a los días pasados.

Hoy el espacio cielo-tierra se convierte en una mancha uiforme. Desde la superficie es todo gris,  plomizo pero no sombrío. La lente con que observamos el circuito diario esta nublosa. Una nube transparente se ha posado sobre las calles serpenteando por cuadrículas dibujadas con descuido, esquivando y respetando edificios que dejan que gotas rebeldes resbalen por sus paredes saturadas de humedad.

Y las luces modorrean en su intensidad, se refugian y se justifican en el paisaje, no desentonan. Son vulgares, aburridas, anodinas. Apenas marcan las aceras iluminando con desgano los cordones interminables de costados de senderos urbanos. Apenas se destacan en señales dispersas de habitaciones dormidas.

Y los autos. Corrientes, mediocres, indiferentes. Circulan por calles que ocultan su señalización dificultando el paso de conductores perdidos. Esconden semáforos al empalidecer sus colores. Los autos no se distinguen, tienen el mismo color de las vereda mutan a medida que avanzan. Que avanzan porque no tienen otra opción, pero se quedarían inmóviles en un refugio de oasis huerfano de todo movimiento.

Y la sorpresa.

El movimiento se desplazó al cielo. Nubes cargosas que van dejando lugar a jirones leves de nubes más altas y con más luz. Nubes que dejen adivinar el cielo azul por encima de ellas. Nubes que van dejando que pequeños haces de luz anuncien con temeridad que el sol está dispuesto a imponer su presencia ante el menor descuido.

  Y pájaros de vuelos solitarios son canicas negras que se desplazan sobre telas grises de confección apresurada. Y árboles de verdes intensos, alimentados con abundancia de agua de los últimos días, se imponen con colorichentes sobre los indiferentes edificios. 

Y el paisaje aéreo, como una mancha inadvertida, se descuelga contagiando a medida que se dispersa.

Y la superficie se deja invadir. Y se va transformando. Quedándose en un reflejo del techo que renace. Ya hay colores tímidos que se asoman a la claridad. Ya hay autos que se destacan por su andar vivaz y despierto, ya hay transeúntes de paraguas cerrados que radiantes de sueños recuperados caminan siguiendo rutas conocidas.

Ya el gris va mutando a los colores cotidianos.