08/08/2012 Otro amanecer

Colores. Luz y sombra. Nubes con forma de espada de samurái circunspecto. El cielo nos regala jirones de rosa pálido al amarillo. Con jinetes invisibles recorriendo senderos dibujados por gajos de nubes esparcidas al azar, esquivando sombras de edificios que destacan solamente la parte más alta.

Soledad arrebatada al silencio que sobrevuela la comarca madrugadora. 

Me imagino sentado en cuclillas sobre la cornisa inexistente de este edificio cubo-rígido-insípido. Como una gárgola desubicada en la geografía aleatoria del viajero sin rumbo. El aire fresco penetra por las fosas nasales y llega al pulmón. Llevan sensaciones de una libertad impúdica, de una libertad desolada. Que se confunde en el torrente sanguíneo convirtiéndose en sueños extravagantes incumplidos. Soledad de silencios mudos. Soledad de imágenes deformadas por caprichos circunstanciales. Ciego de sonidos. Sordo de formas. Todo es un río revuelto en la penumbra que se retira hasta el crepúsculo. Todo es vida que se mantiene jineteando entre nubes que se deshilachan. Todo es el silencio de la montaña que se oye quejumbroso entre edificios estáticos, huérfanos de todo movimiento.

Y explotará.Todo será claridad. Todo será ruido. Todo será rutina.

Todo es amanecer en un miércoles tan igual a los que pasaron tan distintos a los que pasarán.

Pero, sorpresas. El sol arroja sus haces de luz desde el horizonte desdibujado al piso de las nubes. Y pinta sus formas deformes con islas de rosa que se escabullen por sus sótanos volátiles. Y cambian en el tiempo y el espacio. Producto del viento caprichoso y los ángulos de rebote de la luz. Y los bordes muy finos son lámparas de neón que guían a los pájaros hacia un calor inexistente, como un faro olvidado en la playa de los olvidos.

Y mientras escribía, los colores han dejado paso al gris implacable. Y el horizonte va siendo amarillo en toda la extensión que se percibe. Disfrutar del cambio. Cambio de colores. Cambio de figuras. Cambio de sensaciones. Cambio de emociones.

Ya solo queda amarillo. Que también se retira. Y el brillo de los bordes que anticipan al sol.