06/11/2012 Porque amaneceres

06/11/2012 Porque amaneceres.

Una mañana sin observar el amanecer. Al ser día no laboral bancario y acostarse más tarde de lo acostumbrado la consecuencia inevitable es retrasar el despertar. Éste se produce con el día lanzado a la acción. Todo es claridad, sin claroscuros, sin intermediarios. La transición finalizó hace rato largo y la traidora e insensibleno me esperó.

Y comprendo. Descubro los motivos de no entender completamente mis escritos. Éstos reflejan un cambio, un acontecer de sorpresas, de amontonar rutinas en la bolsa de sorteo y esperar la oportunidad que la extraigan del fondo y la actualicen,  le incorporen colores, le agreguen adornos, la reinterpreten, le den otro significado. La bauticen de nuevo y lesionen un nombre adaptado a las nuevas circunstancias. 

No aprecian el diario proceso de reemplazo, de nacimiento y renacimiento. Un proceso vital, ansioso, a veces nervioso, la mayoría de las veces apacible.

Personajes, dioses, mitologías, cuentos, anécdotas, batallas que buscan refugio de la luz al ir a descansar y ser reemplazados por otros que surgen brotando desde sus reposos diarios. La aventura es rescatar los instantes que distinguen ese momento. ¿Cuál de ellos le pondrá nombre al día? Cómo quedará recordado en el almanaque. 

Y cuando el sol reina sin obstáculos, se pierde la posibilidad de cambio. Al estar encarrilado el día el devenir transcurre por vías previsibles del mismo ancho en toda su extensión. A no ser que una tormenta inesperada realicé un ataque sorpresivo al orden instaurado.

Y en ese campo de batalla se destacan los contrincantes, los avatares, las disputas y se celebran victorias y derrotas por igual. Se producen hechos que destruyen la monotonía. No dudo que el atardecer produce efectos similares, pero soy un devoto observador de amaneceres.