Lunes. Nostalgia de un fin de semana que no quedará grabado en la historia. Minutos para reflexionar, para proyectarse en el cielo oscuro que preanuncia el amanecer. Un amanecer hoy poblado de nubes que no se adivinan amenazantes, tampoco ingenuas. No se ven. Se perciben porque ocultan las estrellas y tal vez una luna blanca disfrazada de esfera errante.
Bruma, que se abalanza sobre uno cubriéndolo de fantasma extraviado. Y que dificulta el vuelo rasante en escoba de brujas retrasadas esquivando edificios curiosos.
Hoy es un día para dejar la escoba en el depósito-garaje. Permitir que se reponga de un fin de semana agitado.
Hoy es un día para inaugurar una semana que asoma lloviznosa. Para ser terrenal y encandilar con una fantasía imprevista a las ocasionales compañías que seguramente estarán preocupados por su rutina efímera diaria,
Todo para vivir, aunque las ganas de improvisar sean casi nulas.