05/10/2012 Batalla repetida

05/10/2012 Batalla repetida

La lucha se libra en el campo de batalla de los campos celestes. Fuerzas naturales se despliegan cautelosamente tratando de ocupar el mayor espacio posible, símil a un juego de go anormalmente gigante (¿O los creadores del go se inspiraron en batallas pretéritas como la de hoy?). 

Por un lado las nubes desparramadas haciéndose las distraídas, se distribuyeron siguiendo una fórmula extraña y aleatoria, que los servicios de inteligencia contrario tratan de descifrar. Por momentos y siguiendo una voz de mando irreconocible se agrupan alrededor de un vórtice de energía de origen desconocido. Se arremolinan, mezclándose y adquiriendo solidez. Algunas —no se sabe si por díscolas, distraídas o siguiendo algún patrón determinado—  dejan claros por los que se filtran rayos de sol pidiendo auxilio y ratificando su posición en la batalla.

El sol empezó con la fuerza y el ímpetu que se alimenta de un descanso merecido en grutas ubicadas del otro lado del mundo, Y el ejercito nubesco le permitió que avanzara confiado, derrochando amarillos y distribuyendo su luz clara y diáfana. Le tendieron una trampa: lo guiaron a un desfiladero estrecho de paredes tenues, como líneas delgadas sobre la mesa desierta. Y se fueron cerrando sobre él. Asfixiándolo de oscuridad, silenciando su voz. De a poco le quitaron la bandera borrando el celeste que quedaba disperso.

Solo quedan grietas casi inexistentes. Islas que se van inundando de a poco, desbordadas por las mareas de crecimiento implacable. Las aves recorren confundidas el espacio bajo las nubes. Menoscabadas en sus posibilidades visuales, desempolvan viejos artefactos de navegación  a ciegas. Herramientas celosamente guardadas y cuidadas para estas situaciones. Y se hablan con temor. Previendo la tormenta, adelantándose al desborde de las fuerzas de la desorganización y la incertidumbre natural.

En silencio todos esperan el canto triunfal que tomará forma de sinfonía rupestre ejecutada con sonidos de gotas rebotando contra el suelo. Las nubes —Alardeando un triunfalismo apresurado— esperan el clímax final de la batalla. Ya las partituras son distribuidas en el misterio y el silencio conspirativo.

Solo pequeños reductos de resistencia impiden que la batalla finalice y se declare un ganador provisorio. Una batalla de una guerra inmemorial que coronará a un triunfador, la batalla está desarrollándose, observemos con cuidado sin que nos involucren y nos transformemos en un efecto colateral  de la misma.