03/10/2012 Sol nada más.
Sol. De primavera, de otoño, de verano, de invierno. Sol al fin. Es imposible acompañarlo con calificativos ya que el mismo se transformó en calificativo, sólo quedan metáforas que seguramente ya fueron trazadas. Imposible agregar más descripciones a las que le hicieron desde hace siglos. Imposible acumular. ¿Qué queda entonces?
Asombrarse. De su regularidad, de su perseverancia, de su tenacidad. Y esto sabiendo que en realidad él se encuentra inmóvil, que la errante, que la pasajera es la tierra, que lo sobrevuela en círculos elipsoidales cuasi perfectos. Que es la tierra la compañera que lo adorna en el vacío regalándole amistad, dejándose iluminar por él.
Pero para nosotros que madrugamos y que disfrutamos de su recorrido diario, es el sol el que se levanta entre susurros de vientos fríos y se acuesta rodeado de brisas cálidas y suaves. Es el sol el que recorre el cielo determinando horas. Horas de despertar y de dormir, horas de descansar a la sombra de un árbol urbano de hojas frágiles o de hacer gimnasia caminando recibiendo sus caricias.
Y es en la mañana, a la hora que comienza la lucha inmemorial y eterna entre oscuridad y claridad, que la figura, el contorno de los edificios se reflejan, pareciéndose una caricatura trasnochada en las paredes de los edificios que tienen enfrente. Y si son espejados, llenos de ventanas cuasi líquidas, dan las imágenes distorsionadas de líneas rectas que se quiebran en mil pedazos ordenados, de sombras chinescas de límites profundos que se arquean en el aire, de curvas sinuosas que son laberintos soñados por personas que no conocen la geometría.
Y en ellas se reflejan los autos que recorren por carriles estáticos y dibujados en el pavimento. En su desordenado andar esquivan la traza de una máquina que se empecina en barrer y echarle agua a los cordones atrapados tenazmente entre aceras y calles. Mojando el pavimento que trata de reflejar las nubes que luego de la amenaza de lluvia fallida, se retiraron a reagruparse y acumular humedad en sus cuarteles escamoteados por la geografía. Una superficie líquida que refleja recorridos de transeúntes dispuestos a iniciar el día, a ocupar su tiempo con las obligaciones. Tratarán de ahorrar tiempo para utilizarlo durante la tarde según sus ganas.
Los edificios son enormes pantallas vidriadas que durante unos minutos condensan el movimiento ciudadano, dejan que circulen por sus trazados esfumados los sueños recuperados al despertar y los sueños perdidos al despertar.
Es una ciudad con oscuridad en retirada cada vez más temprano