19/09/2013 Miedo superado
Pasó el amanecer. El mangrullo inaugurado hace más de un año quedó solitario. La penumbra que diariamente es interrumpida por una luz prendida a medias y es removida lentamente por una ventana abierta rumbo a su descanso cotidiano. Un aire fresco ingresa desde el seno de la ciudad que se despierta y nos obsequia una sensación de renovación. Brisas arribadas desde las fronteras urbanas, originadas en desfiladeros alargados, lanzados sobre praderas con el rocío nocturno pendiendo de hojas minúsculas de césped, recolectan aromas recién estrenados que brotan de una tierra humedecida, deseosa de gritar la resurrección que circula debajo de la superficie. Anhela compartir su alegría, distribuir sueños que se identifican con la primavera, repartir postales imaginadas de los tiempos a vivir. Se imagina danzando frenéticamente celebrando su vigencia.
Porque durante los días más oscuros del invierno, esos de duración nocturna, esos en los que el sol es un punto brillante que le cuesta expandirse en el cielo, esos en que los rayos son tan débiles que llegan rozando el aire, luchan por perforar y dejar un poco de calor.Toda su fuerza se diluye en un largo viaje atravesando distancias cada vez más lejanas y como una emergencia es solo la luminosidad que identifica a un emisario que llega exhausto. Y cuando todo hace presumir que las peores pesadillas ancestrales se harán por fin realidad, convirtiendo paisajes en páramos lúgubres, inundados de espinas y sombras reptantes y atemorizantes, despertando en los niños llantos de miedo y desolación, Perséfone es liberada. Obligado a un pacto inmemorial, Ares debe cumplir con su promesa hecha ante el propio Zeus.
Debe dejar que su esposa, su doncella enamorada, su compañera del otoño e invierno lo deje en soledad durante seis meses, Y su paso llevará vida donde se ausentó, melodías de cantos celebratorios donde solo hubo arias de requiems. Las primeras señales brotan de la superficie, salen a flote como algas en los estanques, como tímidas nubes desafiando la uniformidad del cielo, como cantos guturales de sapos que encontraron estanques de agua templada. Con sonrisas aliviadas se olvidan de los fríos pasados y de las oscuridades que alimentaron largas noches de rememorar recuerdos y discurrir sobre especulaciones que nunca llegarán a teorías.
Y la ciudad se prepara, le llevará varios días acomodarse. Por lo pronto comenzará a acomodar almacenes para prendas y utensilios de abrigo, a despejar senderos cubiertos de cenizas y polvo para poder acceder a ungüentos y hechizos veraniegos, a limpiar y aceitar goznes de portones y mirillas para que puedan ser abiertos y posibilitar aireaciones frescas y ràpidas, limpiar claraboyas y revisar cortinados para regular la luz del sol que se hará cada vez más intensa. Las tareas preparatorias del cambio cíclico se han inaugurado. Los colores y aromas están pugnando desordenadamente para hacerse presente.