Leer análisis generado por Gemini
Color rojizo, tirando a bermellón. Imposible describirlo. Es un nuevo color resultado de la mezcla aleatoria en la paleta del pintor. Iluminado desde hogueras en el fondo de pozos ocultos. En la superficie sombras de nubes evidencian manadas de espectros visibles solo por esta mañana. Se juntan con brujas volando y colocan torbellinos de sensaciones redondeadas que giran sin moverse. Es la evidencia de un incendio subterráneo que traspasa gritas y fisuras e instala el calor en la parte superior. Hoy es un techo fantasmagórico. Y las llamas se consumen rápidamente y los reflejos agonizan de intensidad. Ahora es una pintura enmarcada que se convierte en gris con ribetes cremas. El rojo se consumió en la humedad de las nubes. Un incendió sofocado por millones de gotas en suspensión. Apagado sin contemplaciones por la negativa de nubes aburridas a devolver como un eco visual los rayos que recorrían sus pliegues.
Ya es todo gris con retazos de crema. Se apaciguó la música que tronaba desde azoteas. Se van disolviendo los grupos de transeúntes que se asomaron por un instante al éxtasis. Algunos místicos se descolgaron a cordones y en posiciones de asana meditaron sobre el color del pavimento. Otros más mundanos, se aferraron a balcones y danzaron en el aire recorriendo salientes de edificios, creían que volaban como los pájaros que descansan en sus nidos. Algunos detuvieron su marcha, se sentaron en el borde de La Cañada y tomados de la mano dejaron que el nuevo color los invadiera, sin bautizarlo ya que no se atrevieron. Otros poetas sin lápices y con libretita electrónica buscaron en su estomago palabras que hicieran justicia. No las encontraron. Gelman, Becquer, Machado ya las dieron vuelta y las clausuraron para el futuro. Otros recorrieron anaqueles tratando de encontrar sus alquimias integradas a párrafos y versos insustituibles.
El universo se detuvo. Por lo menos el tan mentado de las “almas sensibles”. Alguna de ellas se entretuvo en el reflejo en el agua y en el futuro relatará sobre corrientes incendiadas, que en silencio y sin manchas buscaban su libertad en océanos lejanos. Y cuando recuperados de su asombro impensado, cuando el interior de cada uno se iba aquietando luego de la vorágine de sensaciones, un amarillo en estado puro de oro rompió abruptamente el gris de las nubes. Las melodías surgieron ahora del vuelo de pájaros, tomaron protagonismo, cantaron sin versos, no buscaron comida. Solo se dejaron llevar por esa marea incontenible, ese tornado de emociones que irrumpía de la superficie. Se elevaron hasta alturas pocas veces alcanzadas, orillaron nubes, sus plumas se humedecieron. Se lanzaron en picada lanzando aullidos de satisfacción.
Pero las nubes están fatales. Austeras, solemnes. Impusieron su gris, olvidaron al púrpura. Con una mueca de sarcasmo que recorrió el horizonte, impusieron su monotonía. Aplacaron toda luminosidad e hicieron descender rutinas llenando el espacio cerca del suelo de bostezos. Extendidas hasta donde llega la vista se relamen de su triunfo. Una letanía resuena, un ritmo de repeticiones se distribuye. Los pájaros vuelven a recolectar comida, los transeúntes buscan su destino laboral o sus hogares para descansar.
El amanecer de vértigo se clausura, la mañana está vigente,