22/05/2013 Memoria de la noche

La noche resiste. A medida que se acerca el solsticio de invierno —ese instante mágico del año en el que se marca el comienzo del invierno—  se demora cada vez un poco más. Extiende su manto apaisado por la ciudad, por las llanuras, por todo el espacio encerrado entre el anillo de horizontes planos, que quedan sojuzgados, sujetos a su oscuridad, a su frío tan particular. Un frío inhóspito que alcanza su máximo valor justo antes del amanecer como un aullido desesperado antes de ser engullida por el día. Se engolosina con su horario triunfal. Se queda absorto de las piruetas de la luna, siempre cambiante, siempre predecible. Desde que tiene memoria alienta —recostada en su órbita caminada diariamente sin aburrirse —con sus estados de ánimos a enamorados, aventureros, poetas, trashumantes, asesinos, bromistas, tímidos. Registra atentamente conductas y las repasa en sus horas de descanso, que no existen. 

La noche a través de los años reclutó escribas profesionales y aficionados. No se preocupó por averiguar sus antecedentes, sus meritos o desaciertos. Solo se detuvo en seleccionar aquellos de características noctámbulas. De los que participaron de rituales existentes o crearon nuevos glorificando sombras y tinieblas, defenestrando la luz, excepto la originada en la luna, las estrellas y los rastros cósmicos que se desintegran luminosamente contra la tierra.

Les habilitó espacios sin medida, similares a estudios de escribanos medievales, con un piso superior convertido en biblioteca sin fronteras, Por una infidencia se esparcieron noticias de la existencia de ese gabinete tan sorpresivo y fue presa de las más descabelladas fantasías sobre sus planos, estilo y dimensiones. La Noche, su creadora, nunca aclaró ni negó versiones extranjeras. Solo las ignoró. Y en esas salas recubiertas de moho nocturno, iluminados por pequeñas agrupaciones entremezcladas de seres incandescentes y piedras brillosas, los colaboradores eternos fueron dejando testimonios de la importancia de su contratante gratuito. Porque no tienen salario fijo. Solo lo indispensable para desarrollar sus tareas con comodidad. Solo la promesa, hasta ahora honrada hasta la última coma, de tener trabajo asegurado por toda la eternidad.

Y en tablas inclinadas, con bordes tallados de arabescos paganos, con un secreter escondido bajo la superficie plana. Todo de madera de sequoia obtenida al desplomarse el árbol orgulloso en tierras de gigantes. Tablas perfectas fileteadas por enanos que abandonaron la minería para dedicarse al labrado de troncos especiales. Es sobre estos muebles imposibles de reproducir, que los pergaminos modernos de textura crema y cerca de la transparencia, son agarrotados de oraciones cortas y precisas; ocasionalmente se escapa alguna con vuelo poético, escasean las metáforas, ausentes hasta casi la extinción los adjetivos superfluos, esos que no agregan nada al texto. Se perfeccionaron, a fuerza de escribir documentos y documentos, en narraciones precisas y carentes de personalidad. Discriminaron la belleza, los sentimientos, fueron y son transcriptores minimalistas de hechos observables.

Y almacenados, cuidadosamente ordenados, arropados con meticulosidad en anchos estantes que penden de paredes de piedra, entre columnas salientes de la vertical, dan cuenta de historias desplegadas durante la noche. Muchas guardan el anonimato de sus personajes para no derribar mitos, provocar histerias, abonar discriminaciones. Porque lo importante son las anécdotas no quienes las llevan a cabo. Y de esta manera desfilan descripciones de serenatas sangrientas y serenatas sorpresivas y enamoradas, de fugas románticas y raptos atravesados por el odio, de persecuciones solitarias y búsquedas sin éxito, de bromas inesperadas y con final feliz y bromas convertidas en tragedias, de crímenes por encargo y de accidentes que se llevan de premio macabro a vidas inocentes. Es demasiado larga la enumeración. Todas están allí. Nadie sabe para qué. Por la menos hasta ahora. La noche es la que guarda celosamente el secreto de sus intenciones.