13/09/2012 Cumpleaños
Durante el crepusculo matutino los edificios han mutado. Esas edificaciones —agrupadas rectangularmente en manzanas delimitadas por calles rectilíneas— pasaron de ser sombras grises semejantes a pinturas rupestres en antiguas cavernas protectoras de homínidos que sobreviven, a construcciones simétricas de rectas con principio y fin, rellenas de blanca pintura con manchas ordenadas de puertas y ventanas. El caminar con destino a “mis momentos” cotidianos, se transforma en un alerta de formas oscuras y acechantes dispuestas a abalanzarse sobre mi persona ante la menor distracción; el sendero ahora es un recorrido sin destino fijo de pasillos encerrados dentro de un museo de cera imitando de manera desordenada a ciudades futuristas, signadas y condenadas por la declinación y el ocaso.
El sol no anuncia su llegada, irrumpe casi salvaje y no le da tiempo a las criaturas nocturnas a refugiarse de sus rayos inclementes. Es festejado alborozadamente por el trinar de los pájaros que salen a competir por su desayuno, el astro matinal pega un salto acrobático desde las profundidades de su escondite al espacio inmediato superior —el primer escalón dibujado con trazos invisibles en el aire—, y se instala sobre las construcciones de ladrillos disfrazados por mantas de colores, mayoritariamente blancas.
La oficina se convierte abruptamente. Las paredes reflejan la luz sin suspirar. Los paneles grises serán por pocos minutos amarillos. Los rayos empujan como olas embravecidas al aire frío externo contra los escritorios y elementos de trabajo. Pero sin golpear, sin sobresaltar. Solamente acariciando con dedicación a los privilegiados que participan del ritual renovador diario. Un hálito de libertad inunda todo, abarcando esa totalidad hegemónica. Por unos momentos todo será pradera, o quebradas entre montañas altivas o mares surcados por espuma o manadas de grifos recorriendo desiertos silenciosos. O todo junto, sin orden preestablecido. Todo será fantasía hasta que el murmullo rutinario producido por las sombras de los insistentes empleados expulse hasta el anochecer a elfos, gnomos, brujas, dragones.
Ya el sol se instaló y reclama su trono con gritos amarillentos y amenazas de calor y calamidades —está de mal humor—. Tengan cuidado los que se oponen a su implacable karma. Bien lo saben las nubes que hoy se quedaron hilando gotas de agua para fortalecerse.
Hoy aviso parroquial.
Mi nieto Martín cumple tres años. Tal vez algún día le entregue mi legado: todos mis escritos ocultos en cientos de cofres diseminados por mi historia. Haré lo posible por obsequiarle trajes protectores que permitan que su fantasía sea poderosa. Que le enseñe a ver lo oculto tras la fachada de cada objeto, para que su vida sea una fiesta continua y que los pesares y golpes sean solamente una parte de la celebración de la misma vida cotidiana. Tengo un mundo para regalarle. Espero encontrar el envoltorio para que lo descubra de a poco y no se lo imponga desde la verdad revelada. Que él mismo lo descubra. Que yo pueda ser su guía caminando ambos buscando caminos sobre el mar y yo no sea el gurú que le dé elaboradas respuestas a preguntas que nunca hizo. Que sea yo el que lo guíe a formularse preguntas para que sea él el encargado de encontrar las respuestas.
Gracias.