02/08/2012 Amanecer húmedo de sueños

Oscuridad, silencios, un café con sabor a quemado, luces uniformes que dibujan al río, nubes inconsistentes que se diluyen. Palabras que brotan con miedo, que no llegan a formar imágenes.

Recuerdo sueños. Sentado en una roca en el medio del mar, mojado por la zambullida de delfines que retozan sobre la superficie quieta y verde azulada.

Imprevistamente surge un grifo. De la nada. ¿Cómo sé que es un grifo? No lo sé. Tampoco sé si es un grifo. Pero está ahí, me mira, me interroga. Aspecto imponente por sus colores por su aliento de lunas olvidadas de aire. Se yergue, se acurruca. En silencio. Me ofrenda su sonido sin sílabas. Me presta sus imágenes costumbristas. Bebe mi silencio y se asusta. Bucea en mi memoria y se acongoja. Aguardo, sé que tiene algo para mí, pero no intuyo que es. 


Nos rodea la bruma de miles de años. Nos cubre el hálito de dragones que sueñan. Se levantan castillos sin princesas y con hechizos.

Pega un grito y desaparece.

Quedo solitario de toda compañía.

No lo sé, pero lo sabía. Era parte mía. Discriminada, oculta. Incansable vigía siempre al acecho.

Tú eres la vigilia que lo despertó. Tú eres el badajo que lo hizo hablar con silencios.

Tú eres el silencio, el misterio último de mi contingencia. Mi presente desencadenante. Mi futuro esquivo. 

Estás, no estás. ¿importa?

Eso no lo sé.