01/10/2012 otoño en primavera.
Estereotipamos todo con lo que interactúamos, así funciona nuestra mente. Así razonamos, deducimos y discursamos. Por eso para los transeúntes distraídos y madrugadores esta mañana no es primaveral. Una mañana que se asoma y que no responde a flores radiantes ni a hojas oscilando orgullosas de su robustez. No responde a colores firmes bendecidos por rayos de sol que aterrizan en curvas anti einstenianas de pendientes ondulare s y suaves. No responde a llenar el aire de feromonas y ansias de vivir ni a absorber la energía disponible en ráfagas de vibraciones amigables.
No, hoy se copia, se calca de un estereotipo otoñal. De esos días en que las nubes se toman el papel de techo decaído y cercano, de cielorrasos pintados al descuido y desprolijo en sus terminaciones,cómo una primera mano que quedó in terminar los detalles porque sabían que luego vendría la segunda, la tercera y la cuarta para enmendar errores y deficiencias. De esos días de calor ausente y de presagio de inclemencias. De esos días inclementes ideales para buscar refugio en cavernas ya en estado de hibernación veraniega y fuegos protectores que deben (re)encenderse.
Hoy que debiera ser un día destinado a buscar compañía para recorrer senderos ignorados, plenos de aventuras escondidas en sus recovecos, termina siendo un día para buscar compañía con el fin de obtener protección y resguardo contra lluvias y vientos arrastrados por hielos aéreos escapados del polo central.
Hoy los colores están en la superficie, no en el techo desaboverado que nos proponen las nubes pasajeras de grises deformados.
Hoy la luz llega de todas partes, abarca toda la visión, no desde un punto amarillento único que señala la aparición del sol. Desde el ventanal todo está estático, todo está quieto todo está silenciado. Desde el colectivo —obsesivo en su recorrido— sin embargo todo está filtrado por el amarillo insistente de las luminarias callejeras. Rojo amarillento, celeste amarillento, amarillo amarillento, marrón amarillento. Es como si tuviéramos anteojos con lentes amarillos.
Hay una bandera, solitaria de vientos y protección que pone un poco de color. Plegando y desplegándose lentamente al ritmo de la música de las tenues ráfagas de aire que circulan de sur a norte. Manteniéndose apenas horizontal, luchando contra la gravedad que la empuja hacia abajo. Con su ojo de sol espiando hacia el horizonte. Plantada en su orgullo. Esperando los sonidos que la acompañen y vistan su danza solitaria. Buscando aves que le hagan de séquito ondulante.
Hoy el calendario indica primavera, pero mi cerebro recupera un día otoñal.