01/08/2013 Espectros novatos

Leer análisis generado por Gemini

Oscuridad bajo un cielo nublado. Visto desde el tercer piso los autos que van y vienen por la costanera semejan un cinturón de eslabones luminosos, rojos y blanco, que recorren los bordes metálicos de un robot escapado de un animé japonés. Un autómata de talla descomunal. Acostado sobre el lecho del Suquía descansa y medita. Solitario desde su fabricación —no nació fue producto de la manufactura —, deja que sus ojos recorran el techo de su amplia casa exterior. Se deja caminar por zapatos nerviosos de transeúntes escapados de glaciares, asimila cada pisada, se siente importante. Enciende señales de colores donde hay peligro de tropiezos, anuncia obstáculos fuera de su cuerpo.

Deja que los minutos naveguen aguas abajo, con el ritmo de ríos de llanura que no tienen apuro en llegar al mar, porque saben que es ineludible. Sus oídos atentos a todos los sonidos que lo circundan perciben historias que no puede ver pero que intuye y recrea. Desde el norte lo sobresalta un grito asustado, corridas transversales buscando escapar de aceras solitarias para llegar a algún lugar protegido por luces amarillentas. Reconoce la actitud de un espectro llegado pocos días antes. Se identificó con plañidos de desconcierto, con monólogos que nadie escuchó porque se repiten desde siempre en ese tránsito a ánima en pena. El desconcierto hilvanaba palabras sueltas entremezcladas como quejidos. La angustia de no ser brillaba en cada suspiro nocturno. Quejumbroso repetía una y otra vez preguntas que no tienen dueño. Desprevenidos llegaron a desarrollar la teoría que en cada ataúd, a la manera del libro tibetano de los muertos, dejan partituras con canciones que son entonadas por varios días.

Pero ya se encuentra en la segunda etapa. Después de asumir su nueva condición, los espectros se enfrascan en sus nuevas posibilidades. Se despabila el sentido del humor, se miran a espejos que no les devuelven imágenes nítidas, solo manchas de blanco que son como pañuelos desprolijos arrojados a los caprichos de la borrasca. Ensayan gritos guturales, enfatizando los graves e imitando a ronroneos amplificados por las paredes de cuevas profundas; ruidos de origen dudoso que se humedecen al sortear estalactitas y estalagmitas y se tornan pesadas.

Con una sonrisa, solo se adivina ya que los pliegues de la imagen brumosa impiden determinarlo, se agazapan pacientemente sobre ramas de árboles que conservan el follaje invernal para dejarse caer imprevistamente sobre incautos que caminan con un sueño que se resiste a despertar o apresurados que dejan su refugio buscando un desayuno esquivo. Y al observar el resultado de su salto hacia el suelo, de reconocer el miedo en rostros todavía no amanecidos, explotan en risas que se cuelan entre estrellas indiferentes.

Y desde bares olvidados en penumbras instaladas desde el anochecer, parroquianos que charlan con su sombra apenas esbozada, son espectadores atentos que disfrutan de la novedad. Apuestan a quién asustarán, trazan trayectorias posibles para fugas espantadas, adivinan gritos asustados que proferirán, también se divierten a cuentagotas. Con paciencia, conocedores del proceso, disfrutan de estos tres o cuatro días de aturdimiento con que los noveles fantasmas van descubriendo que no es un disfraz ocasional sino el uniforme que llevarán de ahora en más. En horas nomás atravesarán las paredes, pasando entre cuadros colgados irregularmente y se sentarán apoyados en el aire en el lado opuesto de la mesa.

Allí, con voz compungida, contarán las peripecias del viaje escatológico (*). Su sorpresas y descubrimientos, sus aceptaciones, sus rebeldías iníciales y posterior resignación. Y como en un juego de espejos de pensamientos desembocar en la iluminación que permite hacer visible el nudo gordiano del problema. Despejar las culpas, saldar deudas emocionales, equilibrar el fiel inclinado por acciones inconclusas. En síntesis amigarse con su existencia pasada, solo así podrá seguir un camino que todavía desconoce. Y ese periodo de transición, casi un purgatorio individual, se prolongará mientras no encuentre la llave que entorne las puertas

Espectros novatos

1/082013

cerradas.

En tanto los sustos que desparramará a lo largo de calles escondidas al amanecer se irán tiñendo de amargura y saña, se harán tenebrosos y hurgarán en el interior buscando despertar miedos desde la profundidad. No sonreirán, lanzarán carcajadas disfrutando de rostros aterrados y huidas desenfrenadas. Llevarán un registro minucioso de hazañas tan mínimas, se regocijarán recordando en su refugio lejos de los rayos solares. Lo que desconocen es que tienen un tiempo y que superado el mismo deberán deslizarse por la escalera hacia otros destinos menos amables.

Todo depende de la manera de comunicarse con esos sabios descuidados que beben cafés en soledad. En cómo reciben las palabras de la experiencia acumulada por experiencias amontonadas en ambientes reflexivos y aislados. En aprender a escucharlos y a escucharse sin condicionamientos,

(*)Escatología es el tratado de las realidades últimas (muerte, el juicio final, el infierno y la gloria o cielo) y de las teorías apocalípticas religiosas (la escatología cristiana, el milenarismo y los movimientos apocalípticos).[1]


Leer análisis generado por Gemini